Hoy compré una agenda. Una de esas antigüedades con pasta elegante de imitación-piel, hecha para ser usada sólo durante el año 2013 y nunca más. Justo en los tiempos en que casi todas mis lecturas son en formato electrónico, mi interacción social está anclada a la red y mis memorias esparcidas en la nube.
No obstante, tener una agenda es algo totalmente nuevo para mí. Eso de ser gente ordenada nunca ha sido muy mío, y en esta etapa de mi vida no hay excepción. Me acostumbraré. Es cuestión de recolectar anotaciones vagabundas donde habitan notas casi ilegibles, retazos de ideas con fecha futura en notepad y evernote, alguna que otra cosa que todavía le confío a mi memoria cerebral, asuntos de trabajo, fijar fechas de proyectos, etcétera.
Ahora es cuando me veo en la necesidad ontológica de planear con mi voluntad. Y, ¿qué hago? Me compro una agenda en papel. Se puede tocar, la tinta tarda unos instantes en secarse totalmente, se puede romper, se puede mojar, puede guardar olores y pequeños insectos entre sus páginas. Se parece más a algo real.
Ya mero termina febrero, por lo que me quedan los dos primeros meses libres para hacer garabatos, anotaciones dispersas -que luego colocaré en un lugar adecuado.
Dormiré hoy un poco mejor.
viernes, 22 de febrero de 2013
jueves, 21 de febrero de 2013
Poco me importan tus creencias si...
tu criterio real excede el alcance de tu fe,
tu fe es andamio, más que pilar,
tus acciones son las de un animal racional, más que de un hombre primitivo,
tu juicio está por encima de tus prejuicios.
El acto de respetar lo seguiré guardando para las personas.
Las ideas... esas siguen un juicio aparte.
Y así, una vez más puse a prueba mi temperamento y mi juicio tomó el mando. Conocer a dos cristianos (etiquetados previamente de manera intencional) siempre despierta mi prejuicio, es cierto -y esto es para todos, admitámoslo o no-; inconscientemente prejuzgamos porque conocemos el mundo, reconocemos signos que nos indican lo que veremos a continuación aunque esto no siempre sea así. Agradezco que hoy haya sido la excepción por dos razones: primero, aprendí algo de esas personas que se traduce inmediatamente en sabiduría, fui enriquecido espiritualmente; segundo, siento placer intelectual al chocar mis prejuicios contra la realidad.
Al parecer, la voluntad de escribir llama a los temas. Es un estado de conciencia nuevo.
Y así, una vez más puse a prueba mi temperamento y mi juicio tomó el mando. Conocer a dos cristianos (etiquetados previamente de manera intencional) siempre despierta mi prejuicio, es cierto -y esto es para todos, admitámoslo o no-; inconscientemente prejuzgamos porque conocemos el mundo, reconocemos signos que nos indican lo que veremos a continuación aunque esto no siempre sea así. Agradezco que hoy haya sido la excepción por dos razones: primero, aprendí algo de esas personas que se traduce inmediatamente en sabiduría, fui enriquecido espiritualmente; segundo, siento placer intelectual al chocar mis prejuicios contra la realidad.
Al parecer, la voluntad de escribir llama a los temas. Es un estado de conciencia nuevo.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Alcantarilla
Tener una opinión es fácil. Tener el criterio adecuado para tener una opinión que valga la pena, no lo es. Que un amigo quiera conocer tu opinión es común; cualquiera tiene un amigo, y eso hacen los amigos.
Una situación donde la propia opinión tenga un alcance sin precedentes, en términos de influencia social, la considero un tipo de oportunidad muy especial. Una de las cosas que más aprecio de las facultades humanas es el criterio, esa cosa que nos hace comportarnos como lo hacemos, el motor de nuestras decisiones, el arquitecto de la historia individual. Si alguien te quiere pagar por usar tu criterio, tu ego sube.
Bien, pues mi ego no está muy habituado a las alturas, aunque sé lo que tengo y sé que no es casualidad. En ello me he forjado a lo largo de mi vida.
Ya sé lo que se dice de las opiniones, y comparto la idea: "Las opiniones son como los anos: todos tienen uno y cada quién cree que los demás apestan". Algo que pocos conocen es el arte de mantener con buen olor esa parte de su razonamiento, la salida, y es normal. La mediocridad intelectual apesta y se nota desde lejos. Vivimos en la cloaca intentando -algunos- convertirla en un lugar mejor, sin que esto implique acostumbrarse y aceptar gustosos el olor fétido.
martes, 19 de febrero de 2013
Construirse
No es lo que se ha escrito sino lo que se ha leído, sí. Pero en esta ocasión he concluido que lo propio, lo que normalmente habita la mente y se expresa en los pensamientos y acciones, también es lectura que debe ser consumida. ¿Público o privado? No me importa mucho.
Este espacio será llenado día a día con extractos de momentos e ideas que hayan moldeado mis horas, vaciando la memoria recién masticada antes de reacomodar las neuronas.
Para empezar, se me ocurrió un nombre para el blog que tiene que ver con el aprendizaje y la sabiduría, la fortaleza que nos mantiene vivos y aumenta las probabilidades de permanencia. 'Microfractura' es una palabra que conocí hace unos años, mientras leía algo de los huesos -no recuerdo exactamente qué leí.
La microfractura es un tipo de desgaste que queda en el hueso cuando recibe un impacto. Fracturas pequeñas, sugiere la palabra. Esas fracturas pequeñas dejan huecos en el hueso que luego son rellenados -reforzados- con más hueso. Al final del proceso el hueso queda más fuerte y está preparado para soportar una mayor intensidad en todas sus aplicaciones.
Me gustó la microfractura como concepto aplicado a la vida en general, y así pretendo plasmarlo en este inexperto intento de bitácora.
Bienvenido, lector.
Este espacio será llenado día a día con extractos de momentos e ideas que hayan moldeado mis horas, vaciando la memoria recién masticada antes de reacomodar las neuronas.
Para empezar, se me ocurrió un nombre para el blog que tiene que ver con el aprendizaje y la sabiduría, la fortaleza que nos mantiene vivos y aumenta las probabilidades de permanencia. 'Microfractura' es una palabra que conocí hace unos años, mientras leía algo de los huesos -no recuerdo exactamente qué leí.
La microfractura es un tipo de desgaste que queda en el hueso cuando recibe un impacto. Fracturas pequeñas, sugiere la palabra. Esas fracturas pequeñas dejan huecos en el hueso que luego son rellenados -reforzados- con más hueso. Al final del proceso el hueso queda más fuerte y está preparado para soportar una mayor intensidad en todas sus aplicaciones.
Me gustó la microfractura como concepto aplicado a la vida en general, y así pretendo plasmarlo en este inexperto intento de bitácora.
Bienvenido, lector.
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